Andrea Marina D’Atri, conferencista magistral de NIICE’2026: «Los medios de comunicación y las redes digitales influyen de manera directa para entender la naturaleza y sus derechos»

Andrea Marina D’Atri, de la Universidad Nacional de La Pampa (Argentina), es una reconocida experta en conflictos ambientales, extractivismos, así como en teorías y metodologías de imaginarios sociales, entre otros. Es Doctora en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba) y Periodista y Licenciada en Comunicación Social (Universidad Nacional de La Pampa, Argentina). Coordina el Grupo de Trabajo “Conflictos ambientales, extractivismos e imaginarios” de la Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones y dirige desde 2023 el proyecto de investigación “Subjetividades diversas e imaginarios sociales de problemáticas ambientales pampeanas” desde el Departamento de Comunicación de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam.

Andrea Marina D’Atri – Una primera respuesta rápida me lleva a decir que los medios de comunicación y las redes digitales influyen de manera directa para entender la naturaleza y sus derechos, dado que, en sus selecciones temáticas, crean agendas que dan relevancia a unos temas y dejan de lado otros; ayudan a informar, dar sentidos varios y también a que las audiencias se representen de cierta manera y no de otra, aquello sobre lo que se está contando. Por ejemplo, cómo nos cuentan los medios en nuestros países, el cambio climático y sus efectos negativos sobre ecosistemas y comunidades rurales o urbanas, por nombrar una cuestión que está presente en las últimas décadas.

Pero después de esa respuesta rápida hay que hacer análisis más profundos. Estos, deben incluir, en primer lugar, la pregunta sobre cómo se conforma el mapa de medios de comunicación y de redes sociales en las distintas regiones. Es decir, cómo es la estructura del sistema en cuanto a la propiedad -quienes son los dueños-. ¿Son grupos empresariales, son alianzas público privados? ¿Son grupos nacionales, extranjeros o mixtos? Esa propiedad, cruzada con el mapa político de cada país y con la relación de esos medios o grupos de medios con esos gobiernos, va a incidir en lo que se nos informe, es decir en la producción de ciertas noticias y en el abandono deliberado de otras, así como en el tratamiento informativo. Siempre tenemos que preguntarnos qué cosa no nos están contando. Y en cuanto a lo que sí nos cuentan, preguntarnos por qué y para qué. Por ejemplo, difícilmente vamos a leer en los principales medios de comunicación de América Latina o aquellos que conforman conglomerados mediáticos -pienso en los tradicionales grupos Clarín en Argentina, O Globo en Brasil, El Mercurio en Chile, entre otros-, editoriales que cuestionen el asentamiento en la región de corporaciones extranjeras de extracción de minerales o producción de monocultivo, o de la industria pesquera y sus avances sobre zonas protegidas, sobre la exención de impuestos por parte de los estados o la poca retribución a esos países por sus ganancias cuando se trate de commodities.

Hay más factores a considerar, pero yendo al foco de la pregunta, la incidencia de los discursos mediáticos en la forma en que entendemos la naturaleza y sus derechos es directa. Yo observo actualmente algo bastante marcado que es, por un lado, la incidencia de esos grupos de medios que integran oligopolios, que asumen la comunicación como medio para sus negocios, que van a informar aquello que les competa: alianzas, explotaciones que se inician, licitaciones que se logran en pos de emprendimientos, anclajes de empresas de servicios vinculados a explotación de gas e hidrocarburos, incluso las de las llamadas “energías limpias”. Cuando hay disputas sobre las cuales no pueden hacerse los desentendidos como por ejemplo cuando hay un estallido social como fue la movilización en defensa del agua en Mendoza, Argentina en 2019, y más si tiene repercusión internacional, no pueden desentenderse y también van a informar.

Pero a la par, hay una gran cantidad de medios y redes sociales alternativas, muchas integradas y articuladas a grupos políticos aunque muchas otras no, que son ONGs., medios comunitarios, de grupos étnicos, cooperativos, etcétera, que tienen en la agenda la cuestión ecológica, ambiental y de defensa social y colectiva de la naturaleza que conforman parte de la contrainformación a esa hegemonía mediática oligopólica, y que surge a partir de la propia desigualdad estructural. Este último grupo asume una actitud desde una convicción de relación integrada de la sociedad con la naturaleza, por eso creo que hay que observar y seguir la agenda de esos medios y redes digitales. Serían, en términos de estudios sociales, los grupos emergentes o instituyentes de nuevas maneras de pensar y, por tanto, conocer e informar sobre el vínculo con la naturaleza desde el lugar de su defensa, es un imperativo.

Andrea Marina D’Atri – Absolutamente, alcanza con mirar las medidas de presidentes como Milei en Argentina, Kast en Chile, Noboa en Ecuador o lo que hizo Bolsonaro en su momento en Brasil. Hoy el mapa político de la derecha hostil a la protección ambiental abarca casi toda la zona andina en América Latina y es casualmente la zona extractiva por excelencia, donde se concentran metales, minerales como el litio, tierras raras, hidrocarburos, nacientes de agua dulce. A lo que nombré, exceptuando a Brasil de esta franja, se suman Perú, Bolivia y Paraguay.

En el caso de Argentina, Milei logra primero la sanción de una Ley llamada Bases que incluye lo que se llama el RIGI o Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones para beneficio de inversionistas sobre todo en áreas sensibles y pasibles de ocasionar conflictividad, como son la de minería, el gas, los hidrocarburos y la forestoindustria. A la par, es hostil con los defensores y activistas por el ambiente en distintos sitios del país, con los pueblos mapuches y otros grupos étnicos, reprimiéndolos, aunque esto lo hace ante cualquier manifestación en contra de sus programas de desguace del estado y en áreas como la salud y la educación. Es sabido que una de sus primeras medidas fue el desfinanciamiento de la ciencia, la tecnología y la educación superior, atacando en particular a las ciencias sociales y humanas. También desfinanció todos los programas de ayuda social a la población de menores recursos. Y, recientemente propuso y logró la sanción de la modificación de la Ley de Glaciares para autorizar la incursión y explotación minera en la zona periglaciar, algo que la ley prohibía.

De todas maneras, lo que se agrava no son solo las crisis medioambientales. Estas crisis hay que leerlas en clave sociopolítico y cultural, ya que repercuten en ámbitos diversos. Por ejemplo, los mecanismos que son capaces de usar para acelerar estos procedimientos de desregulación contra la protección ambiental, siempre se pasan por encima normas de la democracia. En el caso de la Ley de Glaciares, la fuerza que adquirió el movimiento social y los grupos políticos opositores llevaron a frenar un poco el tratamiento de esa modificatoria de la ley. Obligó a los parlamentarios a que debieran llamar a Audiencias Públicas, un instrumento generado a partir de la reglamentación de la Ley Ambiental posterior a la nueva Constitución Argentina de 1994 que protege explícitamente el ambiente en el presente y para las nuevas generaciones. A través de las audiencias, cualquier ciudadano o ciudadana, individual o institucionalmente puede ir a dar su opinión sobre lo que se quiere modificar respecto a una cuestión que incidirá en lo ambiental. Se aceptó hacer la audiencia durante dos días. Nos inscribimos casi 110 mil personas de todo el país. Como era imposible que más de cien mil personas hablaran, así fuera cinco minutos cada una, en dos días, se pensó que esto iba a extenderse; pero no, la Cámara instruyó que unos pocos pudieran manifestarse públicamente y desestimó la opinión de más del 95 por ciento de las personas inscriptas. Fue un procedimiento plagado de irregularidades. Se hizo una manifestación masiva fuera del Congreso de la Nación en la ciudad de Buenos Aires el día de la audiencia, que por otra parte también sufrió represión policial, otro mecanismo antidemocrático del gobierno de Milei. A la semana, la ley se sancionó con sus modificatorias.

En fin, si por un lado podemos decir que debido a este procedimiento una enorme cantidad de población conoció la importancia de proteger los glaciares como fuentes de agua dulce y sostén de grandes ecosistemas, territorios y comunidades, y esa población se movilizó por ello, también mostró cómo los congresistas y los gobiernos provinciales -varios de ellos de la Zona Andina- en alianza con el gobierno nacional y su intento de profundización del extractivismo, desoyen a las comunidades movilizadas en oposición a intereses mercantiles y económicos, a presiones de grupos económicos intra o extranacionales, así como al conocimiento experto y no experto que sabe de la importancia de preservar estas áreas.

De manera complementaria, esto desprecia no solo el derecho social sobre el cuidado del ambiente, asimismo da cuenta de la escisión de estos gobiernos y congresistas con las leyes nacionales y estatutos internacionales de protección ambiental. Se desoye al pueblo y sus organizaciones. No hay ninguna conciencia ambiental. Prevalecen los intereses empresariales, corporativos y, en el caso de Argentina, la grave sumisión y alianza con la política de Donald Trump que, no olvidemos, impulsa la desregulación como política ambiental, impulsa la industria de combustibles fósiles y dice que el cambio climático “es una estafa” a la par de retirar a su gobierno del Acuerdo de Paris.

Andrea Marina D’Atri en La Pampa, Argentina

Andrea Marina D’Atri – Voy a referirme a una perspectiva crítica que vengo trabajando hace diez años. Es la articulación entre los imaginarios sociales en su faz fenomenológica, es decir aquella que se interesa por la experiencia y la acción social de los sujetos como seres individuales y colectivos, y los conflictos ambientales en América Latina desde la ecología política. Me interesa saber cómo las comunidades y las gentes que viven en espacios que por un motivo u otro ha pasado o pasa una situación crítica, ambientalmente hablando, significan, perciben y cuentan su estar ahí, el sentido que le otorgan, las memorias que se recuperan y preguntarnos por qué persisten muchas de ellas viviendo en áreas llamadas “de sacrificio” o en zonas con graves problemas como son la escasez de agua. Entonces voy a reflexionar sobre cómo la perspectiva de imaginarios sociales inaugurada por el filósofo Castoriadis, pero problematizada por varios estudiosos después, contiene aristas válidas para pensar esas significaciones instituyentes, en esos contextos.

Los imaginarios y las representaciones nos permiten analizar que hay gramáticas que se instituyen y legitiman dando valor por ejemplo al paradigma del progreso a costa de sacrificar lagos, ríos, bosques, suelos. Se anclan en acciones directas que afectan el ambiente, naturalizando la idea del desarrollo que adquiere la Modernidad. Creo que es muy interesante conocer cómo operan esos imaginarios instituidos, para desenmascararlos a través del estudio sociohistórico, y pensar a la vez el modo en que la propia sociedad logra desinstituirlos. Por ejemplo, esa permanencia de comunidades en áreas despojadas y transformadas desde el punto de vista de su riqueza ambiental, por acción antrópica, nos hace ver que en esa persistencia hay una forma de resistencia o resiliencia y, a la vez, una emergencia de algo nuevo, un nuevo modo de estar allí. Esos nuevos imaginarios son posibles por la capacidad de transformarse de la sociedad.

Me interesa hacer mención de cómo es complejo analizar estos procesos de cambio, pero dar cuenta de que son posibles por la capacidad imaginante del ser humano. Y también voy a mencionar cómo estos abordajes subjetivos son sistemáticamente dejados de lado en los proyectos políticos y por la academia que hoy día -aunque en realidad esto es histórico- legitima mucho más los estudios cuantitativos para conocer con datos estadísticos lo social. Todo esto contribuye a menospreciar los derechos de la naturaleza. No porque yo piense que es una norma a hacer cumplir por los estados o por ciertas comunidades para quienes desacatan la norma. Creo que el derecho de y a la naturaleza debería ser una especie de dogma socialmente interiorizado que dé cuenta de una nueva relación o ethos del hombre con su entorno. No deja de darme esperanza esta ilusión de una naturaleza impregnada en nuestro ser, una especie de nueva conciencia de un ser que nunca fue arrojado al mundo ni del mundo porque siempre permaneció en él.

Andrea Marina D’Atri -Enfrenta el desafío que también enfrentan los grupos políticos, sociales y culturales, es decir el de ejercer una resistencia, proponiendo cambios. En el caso de la Comunicación, tanto como en el Periodismo, es la información y producción de contenidos desprovistos de intereses lucrativos, con foco en la atención de las desigualdades estructurales. Hoy día también se impone una pelea contra la desinformación y las fake news o aquella información que fragmenta, distorsiona y se vuelve peligrosa porque lleva a tomar decisiones sin sustento así como a favorecer a unos pocos poderosos en detrimento de mayorías desplazadas. Suena utópico, pero es el desafío profesional que compete a ambas disciplinas. No es casual que el tema ambiental y los avances de conocimiento científico vinculados a sus asuntos sean uno de los focos predilectos de los trolls y los que trabajan en crear y difundir masivamente noticias falsas o teorías conspirativas, como son, decir que el cambio climático no existe, que la tierra es plana o que las vacunas contra el Covid-19, un caso de zoonosis, contienen microchips de control de las personas y otras barbaridades.

En el caso de los y las académicas y activistas ambientales, nos cabe el mismo desafío en cuanto a investigar para comprender, siempre proponiendo cambios contra la inequidad, la desigualdad y hoy más que nunca, el odio, la violencia y la crueldad que enarbolan las ultraderechas. No concibo una academia social y políticamente “neutra”. Creo que se impone la urgencia de investigar y trabajar en nuestros espacios educativos para entender cómo es que llegamos hasta aquí y cómo hacer de ahora en más.

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